te amé hace mil años

me enamoré de un hombre que conocí en una plaza desconocida por el mundo. mundo que yacía sobre escombros hasta descubrir tus ojos. ojos que raptaría la noche en celo. mares oscuros y secretos. besé tus labios en el primer instante y constaté la ternura que los anunciaba. tus besos sacian una sed antigua que ahora perece. tu piel tiene el perfume más dulce, y un aroma de inciensos que estremece a cualquier jardín de rosas. cuando pienso en la palabra amor, en ti pienso. me enamoré de tus silencios. la tibieza de tu cuerpo que abraza el mío y me vuelvo miel en tus manos. cuando te conocí supe que te amé hace mil años.

Rose Sepúlveda

cielo romano

Veo brotar las rosas entre los adoquines de una ciudad en ruinas. Veo, tu piel niquelada bajo el sol de un cielo romano que resucita a sus pájaros muertos. Veo, la sepia de tu rostro borrado por la sombra del tren que corre detrás de ti y la despedida que permanece inmóvil. La parada está hecha de lágrimas que se cristalizan en el beso. Me veo a mí, desfigurada, en el espejo que forman los charcos de agua cuando el cielo se desploma como un imperio azul. Yo, detrás de ti, despidiéndome de tu nombre, letra por letra. Después, me veo niña fuera de mi cuerpo, acudiendo a una noche de gala para la tristeza con tus últimas caricias puestas como diademas en mi pelo. Veo que es el fin, el fin de todo. Me lanzo sobre un mar de escombros desde el altar del cielo.. Veo que no estás, en mi viaje por el tiempo, en la gravedad que me empuja hacia el abismo, no estás. No hay tampoco, mundos paralelos que confundan al relámpago que te borró de la faz de mi cuerpo. Al trueno que te extirpó de los cimientos del amor cuando éramos uno con el océano.. Veo nacer un nuevo reloj que divide el tiempo entre la creación y el último beso. Después no hay nada. Nada, amor. Me veo dormida y pequeña sobre la huella que dejaron tus zapatos en el callejón. Cada grieta marcada por tus pies es una riel, un tren, un camino que se pierde en la neblina y que el mundo ignora. Y al final veo que tu fantasma deambula buscándome, pero yo ya me he convertido en aire ¡para que me respires y me guardes!

Rose Sepúlveda

lunas

amor, ¿cuántas lunas hay en tu boca? la luz al abrirla ciega mis ojos. pero no mirar sensibiliza el tacto y puedo tocar tus lunas. pero regresan húmedas. ¿porqué lloras amor? ¿acaso te han herido mis silencios o el estruendo de mi aflicción? te amo por convicción y tu muerte es también el fin de mí. esta agonía perdura como una herida que toma siglos en cicatrizar y confundirse en la piel. ¿cuántos versos navegaron sobre tu lengua la noche que naufragaste en mi cuerpo? mueres aquí sobre el vientre de una mujer que también fue amante de todos. amor, ¿cuánto rencor anida en tu corazón? el resplandor de tu luz pulveriza mis ojos.

Rose Sepúlveda

confesionario (I)

Fotografía de Rehka Garton.

he contado cien lunas desde que mis manos no te alcanzan al otro lado de la cama. me he resignado a ser pared blanca. flor abstracta en tu recuerdo. he contado mil relámpagos hasta quemar los pergaminos que murmuran tus secretos. confieso que aún leo tus cartas bajo un sol viejo. que te he nombrado dios y tras la sombra le rezo a tu amor. confieso que todos estos siglos he inventado historias donde tú y yo renacemos siendo amantes. inseparables. ¿es muy tarde para nosotros? ¿revivirás de las cenizas del tiempo? ¿eres memoria sobre la roca o la ilusión óptica del viento? los flamboyanes dejan caer el otoño sobre ti a deshora, en una guerra declarada con el hielo. Y tu boca, amor, confieso, es un verano amante para cada inverno.

Rose Sepúlveda

Mis lapsos como ex

Foto por Kyle Thompson

Ex hija

Ven. Toca mi garganta, mira como brotan las espinas. Ese es el origen de todas las flores. Cuando tomo agua es como si las regara y sólo entonces la corriente de agua se desvía a mis pulmones. Beben melancólicos. Ha nacido un nuevo instinto. Otra forma de prolongar la vida. Vivir sediento. No pude ver tu muerte todo este tiempo. Siempre que voy al mar me sumerjo con los ojos cerrados. Inhalo fuertemente la sal. Arde. Arde como tú mano en la mía cuando el polvo deja su resaca de espuma en la boca. Tu mirada el blanco donde a nada puede servirle de espejo. El agua no mata, niña. Es cuestión de inventar la respiración. Ven. Toca mi garganta. Niego la poesía en este instante en que me vuelvo ostra. 

Ex amante

Riego las flores. Hago añicos los libros. Las cartas apócrifas. Y me arrastro como una valija de cosas ajenas. Tú. Tú poblado de insectos en mi cama. Una grieta de siglos me separa de ti. Yo fui tu hija y ahora soy tu amante. Me abro como la vez primera de todo. Hasta el estómago. Para que te veas engullido como un diminuto animal. Dentro soy todo tú. Y me miras largamente con esa mirada erudita de la muerte. Inventando espejismos. Maldigo todos los hombres que se acostaron contigo. Ahora te esculpo con mis manos, con agua y barro. Crearte para mi. Te voy tejiendo con hilos de sedas antiguas. Tus ojitos. rasgarentera una paloma. Tu naricita. sacrificar algún unicornio. Tus orejitas. matar a una ninfa. Tu boquita. descabezar otra mujer. Tejo tu lengua de tal manera que sólo digas mi nombre. Culminar con mi sello debajo de tus pies. Y me amas con hambre de aguja. Me besas y es lo mismo que sepultarme. Vomito algodón y mis palabras no son ya mis palabras. Amar es un odio prematuro. Me abrazas y siento tus dedos como tenazas que marcan gritos en mi cuello. Un revólver acaricia mi oído derecho. Se parten mis hilos. Uno por uno. Me vuelvo barro y agua. Me vuelco en tus manos como una laguna de tierra. Y me miras como una serpiente, estrangulando mis ojos que ya no son mis ojos.
Azhar, yo a ti te hice.

Rose Sepúlveda 🥀

Miedo

Fotografía por Gabriel Guerrero Caroca.

Recuerdo ese abril, ya han transcurrido cinco años desde la muerte de mi padre. Ante mis ojos ese ser que murió no era él. Ese cuerpo se había convertido en un gran monstruo atiborrado de volcanes en erupción. Se había vuelto un ser repulsivo, triste e incurable. El cáncer me lo devoró en siete meses, siete siglos duró la herida. Agonizaba en la cárcel de su propia piel. Todos nosotros habitamos su cuerpo. Su piel ya no era suya, había sido metamorfoseada. Ser testigo de aquélla muerte lenta. Pensarme nacida bajo la misma suerte. Por primera vez tuve miedo. Miedo de mi cuerpo. mis células. mi boca. Miedo a la vida. Me acechaba los primeros años. Ahora vive dentro de mí. Respirar. Existir. Tiene un precio bien alto. Sufro de una ansiedad antigua y perenne. Tengo miedo. Miedo. Miedo a la camilla, la aguja despiadada, el sonido de las bandejas de metal, la voz quebrada del médico, el olor a tufo en los cuartos de intensivo, las salasde espera a la muerte. Miedo al sonido de la imprudente cafetera en el funeral. Miedo. Me flagelaban sus pasos en el pasillo, escuchar sus aullidos llamando al Padre, extendiendo su mano en busca de Dios. Tomar su cuerpo moribundo, latiendo en mis manos. Ver asomar niños sin cabello y sin rostros por las ventanas grises. Tengo miedo. Miedo a la muerte.

Rose Sepúlveda

La niña

Fotografía por Sally Mann

la sepia es siempre una niña que duele a pasado.

la niña llora porque le pesa la nariz del mundo. ella. ella va caminando descalza. le duele la mudanza de sus pies. va arrastrando la incertidumbre. no sabe ser mujer. camina sobre el hilo plateado de insomnios. ríe tanto, tanto que llora. las lagrimas vuelven resbaladizas las cuerdas. ella espera. siempre espera el aplauso. conmover las miradas. estremecer la vida. anidar en la memoria. allá va la niña del circo. cargando el mundo entre sus senos. cae trasparente. herida. se clava sobre sus rodillas. baila como una hormiga sobre la cuerda. ella es toda rascacielos. cae violenta. esta vez rota. virginalmente rota. sobre el hilo un huracán de sangre. el mundo se acaba de caer. se puede crecer si se camina por la cuerda floja. ella es mujer. ella soy yo.

Rose Sepúlveda

El mito de mi nombre

Arte por Belinda Muller

El mito de mi nombre

azar te llamas

mira mi rosa. la rosa de mi espalda. la ves. esa rosa es mía. tiene su propio biombo. nadie puede saborear el dolor detrás de los tatuajes. te dibujan una herida con los puntos. Una aguja traspasa el epitelio lentamente, y va trazando líneas agudas dejando rutas de sangre hecha polvo. Te muerdes los labios enterrando los dientes buscando alivio en otro dolor. El dolor que se tiene cuando se nace porque de este no se tiene memoria. La memoria de mi nombre la guardan los cuadros de mi casa, sepias de tiempos donde un hombre me cargaba a la cama porque me había quedado dormida en su pecho. Susurraba mi nombre con esa tibieza infantil de los padres. Como si mi nombre fuera su propia canción y sólo el podía leer las notas. Su voz develaba mis sílabas como un libro de enigmas imposibles. Jugábamos siempre a pronunciar mi nombre en otros idiomas. mira mi rosa, justo en el centro esta su boca. Mirando el mundo desde adentro. Los tatuajes hieren como los nombres porque son eternidad. pequeñas inmortalidades del cuerpo. Entonces aquella pregunta muerta, ¿ese es tu verdadero nombre? ese instante mío interrogado en una mirada que bifurca la mía. otrohombre me carga hasta su cama (me carga como un collar de perlas) y me enrosca en su pecho. un hombre desconocido le hace el amor a esta extraña y le grito las cuatro letras de mi nombre.

Rose Sepúlveda

collar de perlas

Arte de Belinda Muller.

todo lo que sé es que hay espejos dentro de mi y reconocen tu sombra. te desvaneces en el viento como un deseo volando en alto en el momento en que mi corazón sangraba en tus manos. ¿cuándo serás capaz de amarme? ¿cuándo enviarás un ejército de besos a morir sobre mi cuerpo? de ti no quiero nada si no es todo. todo o nada. una mujer de hojalata duerme en tu cama y le haces el amor con navajas. la violencia se impone sobre mis palabras y mi dolor es tan crudo como visceral. ¿me verás morir? ¿despertarás en mi cama al desdoblar? hay espejos dentro de mi y reconocen tus sombras. mi obsesión por ti está arraigada en tus ojos persas. lágrimas rosas lloras sobre mí, desnuda. morena y soleada, tendida sobre la falda de tus muslos como un collar de perlas.

Rose Sepúlveda

Libro de las preguntas

Foto por: Monia Merlo.

ya no duermo con las manos escondidas entre las costillas. sentirme viva me da miedo. pensé en ti, sí. no me queda mucho tiempo.

como te llamas
         cuando eras niño corrías descalzo en la lluvia
    le dabas de comer a los perros
que soñabas ser cuando grande
cual es tu flor favorita
      donde estarías si jamás me hubieras conocido
cuentame la historia del pájaro humano que descendió en tu cabeza
del que todo el mundo habló
       dime si todavía amas la amas
si te engañó
dime cuantas veces te mató el amor  
       hablame de ti 
te queda poco tiempo

te grité
en el carro
manejabas despacio
tu manos temblaban estaban hechas de ficciones
te perdías
en la misma ruta que transitan los tumores
me enojé contigo
te dije que ya no estabas para esas cosas
que te dieras por vencido
era inútil
me miraste con la mirada rota
pensé que creías en mí, dijiste.
con otra lengua que yo no conocía
me arrojaste el último puño
el último puño tuyo en las rodillas
lloraste
me dejaste en la casa
tiraste las llaves al piso
y te fuiste
no sé
a donde
y comprendí que antes de perderte ya te había perdido

que idioma te hubiera gustado aprender
eras bueno en matemáticas
que edad tenías cuando aprendiste a nadar
cuantas veces dijiste que no
sé que nunca habías amado tanto

quiero hacer un libro sólo de preguntas 
para ti
pero ya había llegado abril

sentirme viva me da miedo. ya no me toco las rodillas. me duelen.

¿alguna vez perdonaste, padre?

Rose Sepúlveda